Dos tipos de negociación

Por Luis Manuel Aguana

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Siempre se termina uno enterando de las cosas en Venezuela. Desde que se iniciaron esos encuentros en Oslo, nadie nos ha dicho claramente que se ha dialogado allí (aunque ellos digan que no lo están haciendo) hasta que el Padre Ugalde nos lo informó (recuerden su cercanía a la MUD-FA) en su última entrega: “En el prediálogo de Noruega (no ha habido diálogo) ocurrió algo muy importante, los representantes de Guaidó expresaron de manera clara y firme que la salida de Maduro es condición irrenunciable para que se inicie la negociación, pues su permanencia usurpadora significa más muerte y violación de derechos humanos. Me imagino que del lado del  régimen se defendió como indispensable la permanencia de Maduro en el poder hasta el 2025.” (ver Ni quiere ni puede, en http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/quiere-puede_286728). La expresión “me imagino” de Ugalde es su manera de indicar que fue lo que dijo el régimen sin exponerse directamente (cuidado y si estaba allí cuando lo dijeron).

Es claro que el uso de la semántica de que como “no se vieron” (de acuerdo a ellos), luego entonces “no ha habido dialogo” no es más que un eufemismo necio para engañar pendejos. ¿Qué vaina es esa de un “prediálogo”? Eso existe tanto como un “pre-embarazo”. O está preñada o no está preñada. Pregúntenle a cualquier diplomático serio cuales son los métodos para realizar diálogos, encuentros y negociaciones entre dos partes en conflicto y encontrarán que lo que hicieron en Noruega es uno de los tantos métodos que existen para dialogar.

El régimen les dijo claramente en Oslo que Maduro se queda hasta el 2025. ¿Qué parte de ese NO, no entendió la oposición oficial? En consecuencia Ugalde-MUD-FA nos pretende ahora vender que debemos presionar “la salida negociada de Maduro” con un  “Gobierno (¿Junta de Gobierno?) de transición con claras y definidas líneas para el cambio inmediato del suicida modelo económico social y la inmediata preparación de las condiciones para unas elecciones libres y justas”. ¿Y que será para el Padre Ugalde “la salida negociada de Maduro”? Maduro dijo que no se iba, punto.

Entonces esa salida no puede de ninguna manera ser negociada sino obligada por factores que están fuera de la esfera de control de la oposición oficial. Porque “una salida negociada” implica que Maduro estaría de acuerdo en irse si se dan ciertas condiciones establecidas en una negociación entre las partes, como por ejemplo un gobierno de transición con enclaves del régimen. Pero eso no pasó en Oslo. Ese es un tipo de negociación, llamémosla negociación Tipo A. La otra negociación, llamémosla Tipo B, es cuando a Maduro no le queda otra alternativa que irse porque la fuerza para su salida es tan contundente que lo que le restaría es pedir por su vida (como lo que le ocurrió a Chávez en el 2002). La negociación Tipo B debería ser la negociación que busque la oposición oficial y los venezolanos en general. ¿De cuál de los dos tipos de negociación estamos hablando aquí?

Al irse corriendo a Oslo con el régimen la oposición oficial demostró clara desventaja. Se había fallado en el intento del 30 de Abril, por lo que era lógico esperar del régimen esa posición de negativa contundente a ceder un milímetro ante unos perdedores. ¿Entonces que fueron a hacer allá? La respuesta obvia es que fueron a negociar en Tipo A lo que no se logró el 30 de Abril con Padrino y Moreno, pero con tanta desventaja que el régimen los mando al carajo (perdonen mi mal ingles pero no cabe otra expresión).

Que Ugalde diga “una salida negociada de Maduro” debe encendernos a todos las alarmas porque lo que nos está diciendo la MUD-FA a través de uno de sus voceros mas autorizados es que como el régimen ganó en esa primera ronda de negociaciones en Oslo, nosotros debemos generar la suficiente “presión para la salida negociada de Maduro” en una negociación Tipo A con unos criminales, porque hay algunos “…“políticos” tan ingenuos que crean que Trump va a enviar sus marines para salvarnos o que la ONU va a enviar a su Comisionado de Derechos Humanos para plantarse ante Maduro, llamarle usurpador y criminal y exigir su renuncia inmediata. Lamentablemente hay quienes parecen apostar a este imposible y tachan de vendido al presidente encargado Guaidó si no entra en ese juego.”. Mayor manipulación imposible.

¿Y cómo será esa presión? ¿Más jóvenes muertos en las calles? ¿Mas llamados a los militares para un quiebre imposible de las Fuerzas Armadas? Pareciera que no bastan las muertes y las torturas de los militares serios que imposibilitados de poder hacer algo por su país al haber hecho un juramento que no pueden cumplir, se están inmolando al conspirar contra un régimen cuyo sistema paga por sapearlos y matarlos. Miren solamente el último caso, el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo. Después de eso nadie puede llamar cobardes a quienes como él han dado su vida por cumplir su juramento. No existe forma de conspirar en Venezuela porque hay un sapo potencial en cada nivel de las Fuerzas Armadas que cobra duro en dólares por sapear. Eso es eminentemente cubano. La solución entonces esta por arriba. ¿Qué parte de eso no entienden Ugalde-MUD-FA?

Y cuando un grupo de venezolanos insistimos que la solución no está dentro del país porque las condiciones reales no están dadas para ella, entonces la MUD-FA nos hace llegar el epíteto de “ingenuos” apostando “a este imposible” de solicitar la Responsabilidad de Proteger (R2P) a los venezolanos que tienen las naciones del planeta porque el régimen nos está masacrando. Me gustaría que los venezolanos evaluaran quienes son realmente los “ingenuos”, si quienes han conducido la oposición con errores que han costado vidas, o quienes persistentemente hemos sostenido que es esa oposición la que con sus errores, colaboracionismo y negociaciones, lo han mantenido hasta el presente.

Hay que negociar, si, pero en una situación de negociación Tipo B. Y para eso no hay Noruega, ni Suecia que valga. Y la manera de hacerlo ya la he expuesto y se llama Plebiscito (ver Plebiscito versus Elecciones, en http://ticsddhh.blogspot.com/2019/06/plebiscito-versus-elecciones.html). La solución es que sea el pueblo el que decida…

Caracas, 30 de Junio de 2019

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Venezuela sin dolientes

Por Luis Manuel Aguana

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Una cosa es elecciones con el régimen de Nicolás Maduro Moros en el poder y otra muy diferente es con un Gobierno de Transición mandando en Miraflores que organice unas elecciones libres luego de una reingeniería absolutamente necesaria del Poder Electoral. Si eso lo comprende hasta el último de los venezolanos, ¿por qué entonces quienes nos representan como oposición oficial no lo hacen? Esta reflexión la hago en ocasión de las palabras del ex Presidente del Gobierno español, Felipe González, durante el XII Foro Atlántico “Iberoamérica de cara al futuro”, que le recuerdan a la dirigencia política opositora oficial algo que hemos repetido en Venezuela desde la sociedad civil hasta el cansancio: con delincuentes no se negocia.

Mucha vergüenza debería darle a esta dirigencia, que sea Felipe González una aquilatada voz de experiencia política iberoamericana, diga cosas como estas: “Si algo está claro es que allí no va a haber elecciones democráticas si la transición la dirige Maduro” (ver “La Asamblea Nacional “Prostituyente” de Maduro no debería tener ningún tipo de legitimidad”, en https://www.libertaddigital.com/internacional/latinoamerica/2019-06-24/felipe-gonzalez-mario-vargas-llosa-xii-foro-atlantico-iberoamerica-de-cara-al-futuro-maduro-venezuela-1276640822/). Pero, ¡por favor! ¿Es que tendría que haberlo dicho Felipe González para que esta gente entienda que NO SE PUEDE HACER NINGUNA ELECCIÓN MAS EN VENEZUELA CON EL REGIMEN MANDANDO EN MIRAFLORES? Que han repetido infinidad de veces que ellos no perderían ninguna elección? Pues bien, se los dijo Felipe González, para la dolorosa pena ajena de los venezolanos.

Pero para asombro de todos, así se los dijera el mismísimo Libertador si pudiera regresar de su sepulcro al cual todavía no ha podido bajar tranquilo porque aun no se ha consolidado la Unión, seguirán por la ruta para ellos inmodificable de pactar elecciones con el régimen. Lo que no alcanzan a entender González ni el mundo, es que tal barbaridad solo es posible si consideras a quienes negocian no como una verdadera oposición al régimen, sino como una extensión de él. Lo que pone al problema en una dimensión completamente diferente.

En una nota anterior indicábamos que vistos los descubrimientos del 23F y del 30A, la oposición oficial nunca estuvo dispuesta a sacar a Maduro sino negociar con su régimen, por lo que era necesario concluir que el mantra que nos vendieron desde el principio no tuvo nunca validez alguna, y lo que privó siempre fue un acuerdo negociado por elecciones con el régimen, que es lo que históricamente desearon los partidos del G4 desde que se instaló la Asamblea Nacional el 5 de Enero de 2016 (ver La muerte de un mantra, en http://ticsddhh.blogspot.com/2019/06/la-muerte-de-un-mantra.html).

Si se parte de ese hecho que considero fundamental para este análisis, mal podríamos esperar que vayan a rectificar esa ruta por más que personajes de la talla de Felipe González les enmienden la plana. De allí que digamos que el problema es mucho más grave de lo que los venezolanos piensan, que son “errores” que deben ser corregidos porque este problema tiene más de estructural que de coyuntural.

Entender las razones por las cuales la oposición oficial insiste en ese camino suicida para Venezuela como país, para este momento lo considero irrelevante. Puede ser por una mezcla de afinidades ideológicas –son socialistas todos en mayor o menor radicalidad-, corrupción conjunta, cuidar el botín de lo que ambos se han robado en 20 años de desmantelamiento del país, o por la imposición de la cubazuela de los Castro con la ayuda de sus aliados internacionales, o una mezcla de todo ese minestrone tóxico. El resultado es el mismo: el régimen se queda, mutando en el cuero por la vía electoral usando la ruleta cargada del CNE. Pueden cambiar a Maduro y poner otro, o incluso alguien “conveniente” como sus candidatos tanto de la oposición oficial como del régimen que mantenga vivo el “status quo”. Todo eso puede ser parte de un plan que nos están preparando y que todavía no dan a conocer.

El problema mis queridos amigos, es que Venezuela se quedó sin dolientes. Que nos traicionaron quienes dijeron que nos defenderían y que en este momento limbo en que nada está sucediendo, como no sea el agravamiento de las condiciones de vida de los venezolanos, lo que se está preparando en Noruega y Suecia es el brebaje que nos intentarán vender, para convencernos de que “ahora sí”, que el régimen se irá y habrá “cese de la usurpación” porque hicieron un cambio cosmético de Rectores en el CNE y el régimen “soltará” algunos presos políticos, aún sabiendo que en Venezuela existe la famosa puerta giratoria en las mazmorras del régimen, donde salen unos y entran otros. Confían en que los venezolanos estamos hastiados de la situación y que compraremos cualquier “solución” porque no hay otra cosa que hacer. Y eso no es verdad.

¿Y porque no es verdad? Porque esa solución no es sustentable en el tiempo por el simple hecho que la libertad no se encuentra en ninguna ecuación donde esté incluido un régimen como el de Nicolás Maduro Moros y sus asociados. Que el Estado de Derecho y el restablecimiento de la vigencia constitucional contemplada en el Artículo 333 no se ven por ningún lado, así como el desmantelamiento de la inconstitucional Asamblea Constituyente de Maduro. ¿Qué nos están ofreciendo entonces? Otro engaño disfrazado de elecciones. Y no solamente un engaño a los venezolanos, es a toda la Comunidad Internacional.

¿Quiénes entonces son los dolientes del país? Solo quedó la Sociedad Civil que de una u otra forma ha demostrado en los hechos y con sangre, su verdadero deseo de acabar con esta pesadilla, no desde ahora sino desde los tiempos de la masacre de la Av. Baralt en el 2002. Esto es, todos los que todavía vivimos en este país –y que no nos iremos- y aquellos que por una u otra causa lo han abandonado, y aún permanecen dispuestos a recuperarlo. De allí deberá salir la nueva dirigencia política que sustituya a quienes oficialmente se les entregó la responsabilidad de representarnos y que ahora negocian con Nicolás Maduro Moros. Me pregunto si los diputados que armaron el tinglado de Noruega creerán que sus electores les dieron el mandato el 6D-2015 para eso.

En este sentido la sociedad civil en sus diferentes manifestaciones deberá prepararse para asumir responsabilidades que nunca pensaron el 6D-2015 y participar en una renovación completa de los cuadros políticos del país, ya bien sea si la solución de esta pesadilla se encuentra a la vuelta de la esquina o no. Ya no es una cuestión de pensar que otro resolverá por usted. Las propuestas y las alternativas deben y tienen que salir de los ciudadanos.

Y no es que estemos hablando aquí de “anti política”. Todo lo contrario. Tan hacen falta los políticos y la política seria, que estamos sufriendo esta tragedia por su carencia en este momento crítico de la vida del país. La descomposición ética, moral y política llegó desde hace rato hasta esa clase y ya se hace urgente e indispensable una nueva dirigencia surgida de las entrañas mismas de Venezuela en todos los órdenes, sin importar la edad o género. Solo así, dejaremos de pasar el bochorno de escuchar de verdaderos políticos en el exterior lo que cualquier político principiante en Venezuela debería saber.

Caracas, 25 de Junio de 2019

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Plebiscito versus Elecciones

Por Luis Manuel Aguana

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Una vez realizada la propuesta general para la realización de un Plebiscito a Nicolás Maduro Moros para definir su permanencia en el poder en Venezuela (ver Comunicado ANCO: Que el Soberano decida el futuro de Venezuela, PLEBISCITO SI, DIALOGO NO, en http://ancoficial.blogspot.com/2019/06/comunicado-anco-que-el-soberano-decida.html), nos hemos enfrentado a una lluvia de inquietudes, muchas de ellas descalificantes, acerca de la pertinencia o no de un instrumento como ese versus al planteamiento electoral que en la actualidad negocia con el régimen la oposición oficial de la Asamblea Nacional. Y es razonable que la gente se pregunte porqué nace esa propuesta en contraposición a otras que ya habíamos realizado, favoreciendo la intervención humanitaria en Venezuela por la vía de la Responsabilidad de Proteger (R2P), e incluso la aprobación del Artículo 187#11 Constitucional. Y en realidad la propuesta plebiscitaria no excluye esos escenarios. Veamos porqué.

En Venezuela hemos llegado a un punto de no retorno de posiciones irreconciliables con el régimen y su oposición oficial. De hecho no existen puntos de convergencia que hagan que los venezolanos nos convenzan de tragarnos el régimen de Maduro de ninguna manera posible. Ha habido demasiada muerte, persecución y destrucción de nuestro país para que el venezolano medio acepte otra cosa que no sea la expulsión de quienes nos han hecho tanto daño.

Por otro lado, quienes debieron seguir por una ruta que suponía la expulsión de la tiranía primero, para proseguir con un gobierno de transición y unas elecciones libres después, decidieron sin consultarnos que negociarían con el régimen para “cesar la usurpación”. ¿A quien pretenden hacerle tragar semejante cosa? De allí que la maquinaria comunicacional de la oposición oficial se este aprestando con sus anclas periodísticas conocidas para comenzar una campaña que intentará convencernos que si vamos a elecciones con el régimen los “arrasaremos”. ¿Les parece conocido ese discurso?

El discurso electoral esta fuertemente respaldado por importantes factores de toda la batería socialista europea y quienes en Latinoamérica aun creen que lo que sucede en Venezuela es solo un problema de orden político y no criminal. Si a esto le sumamos que los intentos fallidos del 23E y 30A le han restado una importante credibilidad internacional (léase Estados Unidos) al gobierno interino de Juan Guaidó, a este no le quedaría otra alternativa que plegarse a una negociación con un régimen que desea elecciones y una Comunidad Internacional que no ve otra manera de hacer que en Venezuela las aguas vuelvan a su cauce.

El único problema aquí es como se hace para convencer a un país entero que aun espera el “cese de la usurpación” prometido y que ahora se cocinan brebajes para transformarlo en un “cese de la usurpación por elecciones”.

Si el problema fundamental del país es un régimen de corte castrocomunista, que ha pretendido en 20 años someter a su población utilizando los inmensos recursos de la nación, arruinando y destruyendo todo a su paso, y todavía no ha logrado someterla completamente a pesar del éxodo y la crisis humanitaria, ¿de que manera cabria pensar que podamos convencerla que nos podemos deshacer de él por la vía de negociar “espacios de convivencia” a través de mecanismos electorales que solo funcionan cuando existe democracia? En otras palabras la solución electoral es un completo contrasentido cuando se realiza con quienes de suyo no creen en esa vía salvo cuando son ellos quienes cuentan los votos utilizando un sistema construido para favorecerlos. Es por eso que algunos creemos que la salida definitiva pasa por una solución de fuerza, pero que de la cual no tenemos la aprobación de la Comunidad Internacional en su conjunto.

Nos encontramos entonces atascados en la creencia de que solo nos queda la vía electoral para resolver el problema. Y esa solución, lejos de resolverlo, lo agrava. Es como ponerle un parche a un gran tanque de gasolina que gotea porque esta podrido por el oxido y si no se le pone remedio a la causa estructural del derrame, en algún momento y por alguna razón saltara el chispazo que lo hará explotar mas temprano que tarde. Es por eso que hay que ir a resolver la causa estructural del problema, ya que el régimen ha distorsionado y destruido absolutamente toda la institucionalidad del país. Esto es, recurrir a la fuente donde nacen las instituciones, que no es otra cosa que la Soberanía Popular.

La Comunidad Internacional reconoce sin duda alguna que en Venezuela hay que recurrir a la Soberanía Popular para resolver nuestras diferencias. De allí que su instrumento sea el electoral. Sin embargo un Plebiscito es también un mecanismo electoral pero que pone en manos del pueblo una decisión trascendental. Y ese es precisamente nuestro caso en Venezuela, pero con una diferencia: con unas elecciones toleramos la existencia del régimen, con un Plebiscito no. ¿Y porque no? Porque de lo que se trata precisamente es de someter a la consideración de la Soberanía Popular la decisión acerca de la existencia misma de ese régimen, con todo lo que ello implica. ¿Se dan cuenta de la diferencia?

Pero, ¿como llevar al régimen a ese juicio de la Soberanía del pueblo? No será fácil de ninguna manera. Es claro que no deseará contarse con los mecanismos abiertos de la Comunidad Internacional, a sabiendas que el pueblo no lo quiere. Es allí donde la presión de todos los países debe comenzar a funcionar. Los países que nos respaldan deben ser los primeros convencidos de esta solución. Pudieran por ejemplo continuar con las mismas, o nuevas y peores sanciones hasta que el régimen acepte un Plebiscito.

La diferencia con el estado actual de las cosas es que habría entonces un lugar adonde llegar con esas presiones y sanciones: a que el régimen acepte contarse en un Plebiscito. Este se haría con la colaboración de la sociedad civil y sin la intervención del CNE, por no ser este instrumento de su competencia constitucional (Art. 70), por lo que su realización resultaría más ágil e inmediata que una elección, y contando siempre con el apoyo y supervisión de organismos internacionales (OEA y UE). Dependiendo de la presión que se ejerza de afuera hacia adentro, y desde las mismas entrañas del país, el régimen comenzará a solicitar “negociar” los términos de su sometimiento a la voluntad del pueblo. Es ESA la única negociación posible con ellos: la de los términos de su salida.

Pero, ¿cómo se haría para que el régimen cumpla con el resultado de ese Plebiscito? Esa pregunta va de la mano con la aceptación del instrumento: de no cumplir el mandato popular emanado de las urnas en ese Plebiscito, las puertas quedan abiertas para una intervención humanitaria que haga cumplir la decisión del Soberano, no teniendo la Comunidad Internacional manera alguna de evitar la Responsabilidad de Proteger (R2P) a Venezuela de acuerdo a los términos concebidos en la Asamblea General de la ONU del año 2005. Y para lograrlo de la manera mas expedita y con la colaboración del único poder legítimo en Venezuela, la Asamblea Nacional no tendría mas excusas para negarse a aprobar la presencia de fuerzas extranjeras dentro del país para apoyar lo decidido por el pueblo en las urnas, a través de su atribución establecida en la Constitución en el Artículo 187#11.

Como verán, un Plebiscito es una solución expedita versus las negociaciones encubiertas de la oposición con el régimen para asegurar su permanencia en las estructuras de poder en Venezuela por la vía electoral. Le daría continuidad a la promesa hecha a los venezolanos el 23E de terminar inmediatamente con la usurpación y continuar en la vía de la conformación definitiva de un gobierno de transición que nos lleve a elecciones libres, SIN EL RÉGIMEN O ALGUNA DE SUS ESTRUCTURAS. Y demuestra que si es posible un próximo gobierno sin cohabitar con Maduro, como nos ha pretendido vender como obligante la oposición oficial. Es una solución que le planteamos a Venezuela y al mundo para abandonar el limbo en que nos encontramos, que profundiza y alarga la muerte y la desesperanza del pueblo venezolano.

Caracas, 19 de Junio de 2019

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Nuevos hombres, nuevos procedimientos y nuevos ideales

Por Luis Manuel Aguana

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Lo verdaderamente grave del reciente caso de corrupción que la prensa ha dado en llamar “El Cucutazo” no es tanto que haya sido originado desde la oposición oficial –que ya es bastante escandaloso al provenir de quienes pretenden ser gobierno- sino de quienes fueron el objeto del robo. Es como si encontráramos a alguien meterle las manos a la limosna de la Iglesia: no es tanto lo que robas sino a quien se lo robas.

Lo escandaloso en este caso de corrupción es que descubrieron a quienes quieren administrar los dineros de la nación argumentando que el castro-chavismo-madurismo es ladrón, en una operación de ratería, escamoteando el dinero destinado a la ayuda humanitaria. Esto tiene un fondo mucho más profundo que unos simples ladrones pertenecientes a un partido político.

La corrupción vinculada al ejercicio del poder no es monopolio del PSUV ni del gobierno ilegitimo de Maduro, es desde tiempos inmemoriales de todos los partidos de Venezuela en posición de administrar lo que es de los venezolanos. Ese no es el problema –que lo es- sino de los mecanismos que se tengan para asegurarnos que los administradores no se roben el dinero público, así como del establecimiento de un mínimo de controles para que eso no suceda. Desde que el cartel delincuencial tiene secuestrado el poder en Venezuela se ha desmantelado toda la estructura mínima de control para evitar la corrupción. Pero eso lo sabemos y esa es una de las muchas razones por las cuales hay que desalojarlos del poder.

Sin embargo de lo que no se había tenido prueba hasta ahora, es que esa costumbre de desmantelamiento del control, al parecer también le es muy conveniente a quienes pretenden suceder a Maduro en el poder. Desde que la Asamblea Nacional fusiono el Poder Ejecutivo con el Legislativo a través de la Ley para la Transición, nadie sabe quién controla qué de los recursos de la República que se han ido recuperando del exterior, y que han sido retenidos en los diferentes países para la disposición del gobierno interino del Presidente Encargado Juan Guaidó.

La Asamblea Nacional siendo por naturaleza el órgano contralor del Ejecutivo, no ha presentado cuentas ni los mecanismos de control para preservar lo que se ha recuperado, ni quien está a cargo para hacerlo. El solo hecho que por una denuncia periodística se haya conocido del desorden administrativo y el robo de los fondos para la ayuda humanitaria de venezolanos en el exterior por parte del gobierno interino de Juan Guaidó, da cuenta de la existencia de un asunto tan grande que podríamos inferir que solo conocemos de eso la punta del iceberg, y que los venezolanos tenemos el pleno derecho de conocer. De otra manera difícilmente habría diferencia alguna en materia de corrupción entre lo que hay y lo que pretende venir.

Pero a mi juicio el problema va más allá. Salvo que importemos políticos o sean extraterrestres, la materia prima con la que se hace política en Venezuela es la misma que tiene el régimen. Si se pone una lupa sobre la militancia de absolutamente todos los partidos políticos, el régimen y su oposición, veremos a los mismos actores políticos en nuestro país, unos más jóvenes que otros, que han usado la política para favorecerse, porque eso es finalmente lo que ha pasado. Sin necesidad de citar nombres no se pueden justificar los bienes y los viajes internacionales de infinidad de personajes de la política nacional opositora que han aprovechado la grave crisis por la que atravesamos para mejorar sus condiciones de vida, sin haberle resuelto nada a los venezolanos, solamente mantener la ilusión de que algún día saldremos de esto. Todo esto nos induce a sospechar si realmente desean hacerlo para seguir viviendo de “eso” a costillas de nuestro sufrimiento. Y eso es lo verdaderamente aberrante.

Todo esto nos conduce un pesimismo natural que indica que nunca podremos resolver el problema que nos plantea un régimen y una oposición que negocia su permanencia para siempre. Que no recuperaremos la democracia y la libertad porque una sarta de corruptos desea hacerse y repartirse el botín de la República, dejando solo un pedacito para el resto de nosotros. En esas condiciones es imposible convencer a nadie que tenga alguna esperanza. Pero como siempre le digo a mis amigos: se necesita mucho más que un corrupto para declinar en mi optimismo incorregible.

En Venezuela, en mayor o menor medida los partidos políticos son clubes de amigos de su fundador o fundadores, en especial los nuevos. No señalaré a ninguno en particular pero lo único que le han ofrecido al país es su carisma y simpatía para luego montarse en esos atributos para solicitar el capital político necesario para acceder al verdadero botín que no es otro que administrar la Hacienda Pública de la Nación.

Luego de acceder al poder, si arruinaron al país no importa. El sistema está construido para volver a comenzar y poner la confianza en otro, en un círculo vicioso sin fin. El último de ellos fue Hugo Chávez en 1998 y los recientes acontecimientos políticos apuntan a la dupla Leopoldo López-Juan Guaidó. Como verán, esto es de una simpleza inenarrable que marca el estado de subdesarrollo político de nuestro pueblo. ¿Cómo resolver eso? Comenzando por entender el ciclo y corregirlo, aunque ya sea tal vez demasiado tarde para resolver el presente.

¿Qué podríamos hacer entonces? Apuntar más largo. No ofrecerle al país un liderazgo carismático y mesiánico sino una nueva estructura sobre la cual cimentar la República con una ruta clara que nos permita la distribución del poder, poniéndolo en las manos de muchos. Ofrecer una nueva concepción, que aunque le toque usar la misma materia prima defectuosa de la que se han servido todos los gobiernos desde 1811, le pueda garantizar a los venezolanos un mínimo de control sobre lo que es de todos, reduciendo el riesgo que significa entregarle el país a un líder mesiánico todopoderoso que invariablemente termine estafando a todo el mundo porque es imposible manejar un Estado moderno puesto en las manos de un solo ser humano.

Y eso no se puede enfrentar con un “programa de gobierno” como están acostumbrados los partidos y los venezolanos, sino cambiando el sistema de relaciones de poder entre quienes lo deben ejercer, para administrar con eficiencia lo que nos pertenece a todos, garantizando bienestar y calidad de vida para los ciudadanos. Un sistema que obligue a construir ciudadanía, corrigiendo en el largo plazo los defectos de la materia prima política. Y eso es posible hacerlo con un sistema que ha sido expuesto por años por los fundadores de ANCO, y que hemos luchado por dar a conocer, que lleva el nombre de  Proyecto País Venezuela Reconciliada vía Constituyente (leerlo en http://ancoficial.blogspot.com/p/documentos-fundamentales.html).

Es obligante decirlo después de 120 años: dado el estado ruinoso en que se encuentra la materia prima política del país desde el punto de vista ético, moral y político, se requiere del concurso de “Nuevos hombres, nuevos procedimientos y nuevos ideales”, consigna exitosa de la Revolución Restauradora de Cipriano Castro en 1899 que marcó la entrada de los andinos al poder, y que cambió el sistema de relaciones para ejercer ese poder por más de un siglo, luego de años de desorden político desde nuestra separación de la Gran Colombia. Si la historia ha de repetirse para entrar en una era distinta, no veo mejor momento para intentar un enfoque diferente…

Caracas, 18 de Junio de 2019

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Cartas a Guaidó

Por Luis Manuel Aguana

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Ante la percepción de pérdida del rumbo del barco opositor y el estancamiento-agravamiento de la situación de los venezolanos, la dirigencia política que no tiene manera de influir en las decisiones que se están tomando en el cogollo opositor oficial de la Asamblea Nacional que se conformó a partir del 23E, ha publicado algunas sugerencias al Presidente Encargado de la República, Juan Guaidó a través del método más antiguo conocido, las cartas públicas.

Y digo expresamente “percepción de pérdida de rumbo” porque algunos creen todavía que ese extravío de la dirección opositora no es deliberado, sino que obedece a una manera diferente de enfocar la lucha en contra del régimen, y que todavía se pueden sugerir caminos alternativos que aceleren su salida. Y eso a mi juicio es un grave error. Quienes están dirigiendo este barco saben para donde lo llevan, y no es precisamente para un lugar en el que todos estemos de acuerdo.

Porque sería natural que se hagan recomendaciones de cambio de rumbo si quienes dirigen tienen la disposición de escucharlas. Si la persona que lleva las riendas (cosa que al parecer está puesto en duda) sigue cometiendo errores, entonces lo que menos que se puede hacer desde afuera es sugerirle opciones para que corrija lo que haya que corregir.

Sin embargo las opciones son pocas si efectivamente creemos que el desvío del rumbo es de tal magnitud que difícilmente se escucharán sugerencias porque lo que realmente está pasando es que no existen errores en el rumbo sino una ruta deliberada hacia un destino distinto que no admite correcciones.

Es como si todos creyéramos que nos dirigimos de un punto A, a un punto B acordado, y los que estamos a bordo vemos en el medio que nos llevan a un punto C desconocido. Y cuando le comunicamos al conductor que se extravió y que cambie el rumbo, lo hacemos en la creencia que lo hace porque no sabe que se extravió, cuando en realidad está consciente que nos lleva al punto C deliberadamente, sin nuestra autorización, debido a un cambio de estrategia que se fraguó sin nuestro consentimiento. Creo que eso es lo que está pasando aquí.

Las cartas que se le han dirigido hasta ahora al Presidente Encargado Juan Guaidó tienen ese sentido. Por ejemplo, la carta dirigida por el honorable ciudadano Enrique Aristeguieta Gramcko (ver texto completo en http://venezuelagana.org/2019/06/04/aristeguieta-gramcko-pide-un-cambio-de-rumbo-a-guaido/) le solicita a Guaidó que asuma el poder que le confiriera el Artículo 233 Constitucional, con todas sus atribuciones constitucionales, deslastrándose de la disciplina de partido, y proceda a condenar enfática y públicamente el dialogo y pactos con el régimen. Pero ¿es eso lo que desea el conductor, o conductores? Obviamente que no porque la ruta al punto C nos lleva precisamente a eso, a negociar con el régimen –¡esa es la idea!-, por lo que la solicitud muere al nacer al no ir al fondo sino a la forma.

La carta dirigida por nuestros amigos de la llamada oposición radical y dura en contra del régimen, María Corina Machado, Diego Arria y Antonio Ledezma (ver texto completo en el mensaje de Twitter de la Alianza Soy Venezuela https://twitter.com/SoyVenezuela/status/1139186136289599493) repite el mismo error pero estableciendo un razonamiento lógico: si respaldamos el mantra de la famosa trilogía entonces no existe negociación posible. Por lo tanto hay que cerrar la negociación, dejando solo una opción: la fuerza. Y esta fuerza no está en condiciones de salir de Venezuela sino de nuestros aliados, con el apoyo firme del pueblo venezolano que rechaza de plano un gobierno de cohabitación.

Esta carta reafirma la estrategia que el pueblo decidió inicialmente, esto es, la ruta de A hasta B que nos propusieron, en un llamado de atención a los conductores para que cumplan lo acordado. Y esto es razonable, pero como indicamos, no es de la intención de ellos “corregir” el rumbo, sino la definición de uno nuevo a espaldas del pueblo de Venezuela, y es allí donde deseo centrar esta discusión. ¿De quién es el barco? ¿Del Capitán y sus oficiales, o de quienes estamos en él? Pareciera fácil la respuesta.

Todos acordamos el 23E que el Capitán fuera Guaidó y aprobamos una carta de navegación traducido en un mantra en el que todo el mundo cree. Si tiraron el mantra por la borda (ver La muerte de un mantra, en http://ticsddhh.blogspot.com/2019/06/la-muerte-de-un-mantra.html) redefiniendo un nuevo destino, con una nueva ruta (o la misma cambiando el orden de los factores que alteran el producto), entonces lo menos que debería ocurrir es que ese destino y su ruta la decidamos entre todos de nuevo, porque el destino de Venezuela no les pertenece a ellos sino a todos los que vamos a bordo.

Es allí donde hay que centrar esta discusión con quienes conducen. Si alguna solicitud hay que hacerle a Guaidó, no es que corrija el rumbo para retomar la ruta lógica que ya nosotros habíamos decidido, sino que a la luz de todo lo que ha pasado hasta hoy sean los venezolanos los que decidamos que hacer, contando con el auxilio de quienes nos han ayudado hasta ahora desde afuera.

¿Y porque hacer eso ahora? Precisamente porque perdimos el rumbo y el destino. Algunos me han indicado que eso ya lo hicimos el 16 de julio de 2017. ¡Falso! Lo que hicimos ese día fue darle un mandato expreso a una Asamblea Nacional, que no cumplió porque negoció con el régimen a nuestras espaldas engavetar el resultado a cambio de elecciones de Gobernadores al final de ese año. En esta oportunidad el cumplimiento del mandato del pueblo sería previamente concertado fuera del país con quienes si estarían dispuestos a hacerlo cumplir a la fuerza si es preciso.

Pero la gente se preguntaría ¿y cómo lograr hacer que el pueblo se exprese en el medio de una tiranía? Esa parte sería consecuencia de una discusión abierta de términos de salida con el régimen, no de una negociación para que se quede y comparta con la oposición oficial una cohabitación que es lo que están haciendo ahora. ¿Y cómo se logra eso? Que la Comunidad Internacional lo asuma y lo imponga como solución alternativa al problema porque sería la expresión definitiva del pueblo venezolano. Si todos queremos que Maduro y sus delincuentes se vayan, entonces que nos ayuden a expresarlo, imponiéndolo como solución al régimen y a la oposición, a favor del pueblo venezolano, obligando al régimen a cumplir el mandato del Soberano desde afuera. La carta a Guaidó entonces es por un Plebiscito, y ya se la hemos enviado… (https://ancoficial.blogspot.com/2019/06/comunicado-anco-carta-publica-juan.html).

Caracas, 15 de Junio de 2019

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Plebiscito SI, Dialogo NO

Por Luis Manuel Aguana

English version

El comunicado publicado por la Alianza Nacional Constituyente Originaria (ANCO) (ver Comunicado ANCO: Que el Soberano decida el futuro de Venezuela: PLEBISCITO SI, DIALOGO NO http://ancoficial.blogspot.com/2019/06/comunicado-anco-que-el-soberano-decida.html) pone oficialmente en el debate público nacional e internacional la propuesta de una nueva ruta a discutir para resolver la crisis venezolana, ante la “nada” ofrecida al país por la oposición oficial, que la ha puesto a negociar -deliberadamente o no- elecciones con el régimen ilegitimo de Nicolás Maduro Moros.

Los venezolanos presenciamos asombrados que la solución que le dio finalmente la oposición oficial al llamado “cese de la usurpación” fue negociar con un dialogo en Noruega elecciones con Maduro y su banda de delincuentes. Esto ha resultado inaceptable por quienes consideramos inválido reconocer con un instrumento democrático el ilegitimo ejercicio del poder de Maduro, por lo que este debe abandonar primero el poder que detenta ilegalmente antes de proceder con cualquier nuevo estado, trancándose así inevitablemente el juego. Pero ¿cómo resolver esto?

Estamos en una situación de posiciones irreconciliables con el contrario, a la que los países de la Comunidad Internacional tratan de resolver mediando en la aplicación de un instrumento electoral solo válido en democracia, y dándole beligerancia política a un atajo de criminales que han asaltado el poder. Eso es intolerable para la gran mayoría de los venezolanos, pero no así para la dirigencia política que hasta ahora nos representa en los escenarios internacionales. Este curso de acción política no es aceptada por los venezolanos.

En una nota pasada, adelante como era posible destrancar el “abrazo mortal” en el que se encontraba Venezuela con esta situación (ver Un plebiscito, la solución al abrazo mortal de Venezuela, en http://ticsddhh.blogspot.com/2019/06/un-plebiscito-la-solucion-del-abrazo.html) que no es otra cosa que ubicarse en el plano objetivo del problema. A nuestro juicio el curso de acción de los venezolanos, al carecer de medios locales para desplazar a los criminales en el poder, debería ser solicitar esos medios a la Comunidad Internacional. Sin embargo no hay consenso de los países para aplicar una solución de fuerza, tratando de imponer una solución negociada con el régimen. Por otro lado la oposición oficial insiste en un supuesto “quiebre de las Fuerzas Armadas” cuya espera nos ha costado mas vidas y sufrimientos que la misma aplicación de la solución de fuerza desde el exterior que hemos solicitado.

Para conciliar ambas posiciones planteamos un justo medio: una solución que aun siendo electoral no implique la aceptación del régimen a través de unas elecciones sino del reconocimiento objetivo, para cualquier gobierno del mundo, de la legitimidad que tiene la Soberanía Popular de los venezolanos para decidir sobre el ejercicio del poder de quien lo esta detentando. Maduro y quienes lo sostienen en el poder no pueden ignorar que la única fuerza objetiva que se le reconoce afuera para sostenerlos en el poder es la voluntad legitima del pueblo venezolano, y solo su voluntad puede desplazarlos. Eso es válido para cualquier gobierno del mundo y por eso quieren que el problema se resuelva con elecciones.

En este sentido el régimen de Maduro no podría a negarse de cara al mundo a pasar por el escrutinio popular mediante un Plebiscito que decida sobre su continuidad en el poder. Negarse a eso implicaría por definición la aprobación general para su desalojo por medio de la fuerza. Y por otro lado, la Comunidad Internacional no podría esconderse para garantizar el clamor de los venezolanos de hacer que el veredicto de esa Soberanía se cumpla con la fuerza que sea necesaria. Esa es la columna vertebral del planteamiento plebiscitario. El resto son las garantías de las partes. Veamos:

Garantías del régimen: nadie del régimen aceptaría ir a un plebiscito -que sin duda alguna perderían- sin conocer antes que ganarían con eso. Allí existen un cúmulo de condiciones que estamos seguros que solicitarían quienes han cometido delitos de Lesa Humanidad, robo comprobado a la nación, corrupción, legitimación de capitales, narcotráfico, etc., y que en este momento manejan el poder. Estos criminales desearán saber que les darían a cambio de abandonar el poder en caso de perder el Plebiscito. Los Estados Unidos tienen sobrada experiencia en ese tipo de negociaciones con delincuentes. Saben que se les puede conceder o no habida cuenta de las sanciones que ya se han aplicado. El caso mas reciente es el del General Hugo “Pollo” Carvajal. Esa rueda de negociación tendría que realizarse bajo la amenaza creíble que el Plebiscito es el última alternativa que plantearía unida la Comunidad Internacional al problema de Venezuela, previo al agravamiento de las sanciones, e incluso la posibilidad de una intervención en caso de no aceptarlo.

Pero el aspecto criminal solo sería una parte del problema, también existe la dimensión política. Estamos seguros que los criminales pedirían también garantías acerca de la supervivencia política de su movimiento o el “legado” de su revolución. Un Plebiscito planteado en los términos mas objetivos y democráticos debería garantizarle al partido del régimen una participación porcentual equivalente a los votos que ellos consigan en esa contienda electoral plebiscitaria. Nadie, ni siquiera los socialistas europeos que tanto desean unas elecciones en Venezuela, podrían negarse a un Plebiscito que garantice eso.

Garantías de la oposición: no podríamos contar con que los opositores venezolanos concurran a un Plebiscito con un sistema electoral en manos del régimen. Y por otro lado el régimen negaría a contarse si no es con su CNE. Una propuesta intermedia sería entregarle a un tercero imparcial, por ejemplo la OEA y la Unión Europea, la administración electoral de los votos a través de un sistema de conteo 100% manual, con apoyo automatizado de totalización. Esto es, boletas que se cuenten una a una en cada mesa electoral, nacional e internacionalmente, y estas al cerrar con los testigos de ambas partes, envíen los totales de la mesa a una Sala de Totalización supervisada por todos. La contabilización será solo de cuantos SI o NO existen, por lo que un Plebiscito como ese debería organizarse y despacharse muy brevemente con la ayuda técnica internacional adecuada.

Otra garantía para la oposición venezolana sería el desmontaje previo al Plebiscito de la Asamblea Constituyente del régimen. No podríamos aceptar que luego de realizado el proceso y decidido una nueva situación política para el país, el régimen la cambie a cuenta de los “poderes supra constitucionales” de ese ente inconstitucional. Pero lo más importante para la oposición sería la garantía del cumplimento del resultado del Plebiscito. Nadie iría a votar si el régimen desconoce luego los resultados. En ese aparte la Comunidad Internacional deberá tener una presencia determinante para establecer las acciones a realizar para que se cumpla la voluntad del pueblo de Venezuela. Allí todos los países tendrán que coincidir de manera unánime que es solo la Soberanía Popular quien debe decidir el futuro del país y ayudarnos a hacer que se cumpla su mandato, sin excluir el uso de la fuerza.

Un punto determinante para que una solución como esta sea posible es su aceptación por parte de la oposición oficial y por supuesto del régimen. La respuesta a esto paradójicamente no se encuentra en Venezuela. Aun cuando algunos venezolanos podamos considerarla con simpatía, vemos con escepticismo que oposición oficial la compre por múltiples razones, entre ellas los marcados intereses políticos de la MUD/G4 que no han permitido hasta ahora tener una oposición unida para concertar la salida del régimen. De allí las declaraciones del Secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo. Este es el tipo de soluciones que se le imponen desde afuera a las partes cuando nadie se pone de acuerdo y se acelera el deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos.

Para que se imponga una agenda como esta es necesario que la Comunidad Internacional se convenza que esta solución pacifica, constitucional y electoral es de muchísima mayor fuerza y calidad, con resultados en estabilidad de largo plazo, que la que está planteando el régimen y su oposición con un adelanto de elecciones parlamentarias y posiblemente presidenciales. Un plebiscito restituye de inmediato la legitimidad de las instituciones con una garantía de continuidad constitucional. Un plebiscito que garantice la finalización constitucional del régimen de Maduro, con una negociación previa de los términos de salida, le daría continuidad legítima a la presidencia interina de Juan Guaidó Márquez para conformar gobierno y convocar en su momento elecciones libres.

Es posible que surjan muchas dudas y preguntas acerca de este planteamiento al país, incluso que es igualmente una negociación, cuando hemos dicho infinidad de veces que no queremos negociar con el régimen. Y eso sería cierto. Pero la alternativa es sacarlos a la fuerza y eso es lo que no quieren hacer quienes nos pueden ayudar. Y créanme que es lo que he recomendado hacer desde el inicio. Esta alternativa representa reconocer que se requiere determinar con esos criminales los términos para que abandonen el secuestro que tienen de Venezuela. Esto es lo que hacen las autoridades antes de proceder a entrar cuando se presenta una situación de rehenes, que es la que ahora tenemos en el país.

Por otro lado estamos seguros que existirán muchas opiniones diferentes acerca de como se deben establecer las garantías. Sin conocerlas, todas son válidas. Arriba solo mencionamos algunas obvias, pero se debe dejar a quienes sean los designados para negociar, el margen necesario para moverse con los detalles para que esto pueda funcionar. Lo mas importante es que avancemos hacia una solución que ponga a todos los venezolanos a decidir su futuro, y que nuestro destino no sea determinado en un dialogo a espaldas de la nación, para que la solución pueda ser duradera y estable.

Caracas, 9 de Junio de 2019

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La muerte de un mantra

Por Luis Manuel Aguana

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Por más libros que intenten explicar el comportamiento de los venezolanos, nunca las sociedades de otros países entenderán lo enrevesado de nuestra manera de ser y de actuar. Recuerdo a un profesor de inglés de origen trinitario que nos repetía mucho que un gringo jamás entendería a profundidad nuestra manera de comunicarnos, y si el castellano era difícil para ellos, el “venezolano” era doblemente difícil. Somos verdaderamente un caso de estudio. Por eso no me extrañaron las declaraciones del Secretario de Estado Mike Pompeo al referirse a la oposición venezolana. Por años los norteamericanos han buscado intérpretes para entender a los políticos venezolanos, sin tener lamentablemente algún éxito. Y al juzgar por lo que dijo Pompeo pareciera que ya tiraron la toalla.

Porque ¿quién puede, por todos los santos, explicarse que usted fije un camino para “salir de la usurpación” y se lo venda a todo el mundo, e inmediatamente se voltee para hacer algo completamente opuesto y pretenda de paso que la gente se lo compre, en especial en países donde la racionalidad es regla de vida? Porque vamos a estar claros, el mantra que todos compramos, compuesto por una trilogía de secuencia lógica, “cese de la usurpación-gobierno de transición-elecciones libres” solo es posible de mantener si se hacía efectiva la expulsión del régimen, no la convivencia con él. En otras palabras, ambas cosas son mutuamente excluyentes. ¡O sacas al régimen, o no lo sacas y duermes con él! ¡Por eso compramos el mantra! Porque este implicaba que habiendo expulsado a Maduro y su régimen, se procedería a arreglar el país mediante un gobierno de transición que terminaría organizando unas elecciones libres.

Entonces aquí están ocurriendo dos cosas contrapuestas: 1) Si la oposición oficial estaba convencida que no era posible la expulsión de Maduro de la manera ofrecida, entonces nos engañaron. Y 2) si por el contrario estaba resuelta a sacarlo para proceder con el mantra, entonces no se puede explicar porque han entrabado de todas las maneras posibles la aplicación del Artículo 187#11 Constitucional y la solicitud internacional para que se honre la Responsabilidad de Proteger (R2P) que tienen todos los países en un Acuerdo de la ONU que hasta la misma Venezuela firmó en el año 2005.

De acuerdo a los acontecimientos demostrados del 23F y 30A, la oposición oficial nunca estuvo dispuesta a sacar a Maduro sino negociar con su régimen, por lo que es necesario concluir que el mantra no tuvo nunca validez alguna, y lo que siempre privó fue un acuerdo negociado por elecciones con el régimen, que es lo que siempre desearon los partidos del G4 desde que se instaló la Asamblea Nacional el 5 de Enero de 2016.

Sin embargo esa lógica opositora absurda que no es entendida por nadie en el exterior, choca de frente con la realidad de los venezolanos, que indica que para que las cosas cambien efectivamente en Venezuela ES NECESARIO que el régimen de Nicolás Maduro Moros termine cuanto antes. Lo que nos coloca de nuevo en el comienzo de toda la historia. Nos plantearon una ruta de imposible realización y ahora pretenden vendernos ante el fracaso obtenido un carnaval electoral que ofrezca que las cosas irán mejor después de unas elecciones con Maduro y su régimen. A otro perro con ese hueso…

Así las cosas, el venezolano ahora se encuentra completamente huérfano de salidas, y eso lo están aprovechando tanto el régimen como su oposición porque nos pusieron a todos a aceptar lo inaceptable: la continuidad de Maduro.

El mantra nació muerto y no lo sabíamos. No era posible plantearlo si el gobierno interino de Juan Guaidó no estaba en la disposición de solicitar ayuda internacional para desalojar el régimen. Nos vendieron una solución de imposible materialización si no estaban dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. De allí que comiencen los socialistas europeos a salvarle el trasero al régimen de Maduro intermediando en un nuevo dialogo en Oslo pero con una oposición en posición perdedora porque no tuvieron éxito en sus intentonas del 23F y 30A.

Al habernos engañado, la oposición oficial tendría que aceptar los términos electorales del régimen. De allí que ustedes vean a los norteamericanos cambiar el posicionamiento duro que tenían hace pocos días por uno blandengue ahora, en contra del régimen. Vean con cuidado las declaraciones de Elliott Abrams aconsejando la reincorporación de los diputados oficialistas a la Asamblea Nacional (ver Elliott Abrams: Oposición y chavismo son esenciales para una transición en Venezuela, en https://elpitazo.net/internacional/elliott-abrams-tanto-la-oposicion-como-los-chavistas-son-esenciales-para-una-transicion-en-venezuela/).

¿Qué está pasando aquí? Que la oposición oficial con una ejecución política mediocre en la Asamblea Nacional se equivocó al manejar este gravísimo problema y quienes nos apoyaban para sacar de raíz al régimen nos están abandonando. De allí que los partidos del G4 se estén aprestando para concurrir con el régimen de Maduro a un adelanto de elecciones parlamentarias tal y como lo anunciara el convicto de Bogotá hace pocos días, porque se les agotaron las ideas para salir del régimen, esa es la verdad.

¿Está toda la oposición de la Asamblea Nacional, incluido Juan Guaidó, en esa jugada para montar en la olla al pueblo venezolano? Me gustaría saberlo. A Venezuela le interesaría saberlo. Que no nos hablen de resolver el “cese de la usurpación” con elecciones. Ese “cese” no existe porque si alguna vez vivió en la mente de alguien ya murió sin haber nacido. Entiéndase que a partir de ahora no existe tal cosa como “cese de la usurpación” porque el mantra esta muerto. Si Maduro esta usurpando la Presidencia de la República, entonces mal podría la oposición oficial aceptar ir a ningún proceso electoral con un delincuente en Miraflores.

La existencia del mantra, así como la Ley del Estatuto para la Transición que lo sustenta, solo tiene sentido si se extirpa de raíz la causa de la tiranía: la expulsión de Maduro, su régimen y todas las fuerzas invasoras que lo acompañan. Lo demás es un miserable engaño que tendrá un elevadísimo costo político para quienes se empeñen en seguir estafando al pueblo venezolano con espejitos electorales.

Caracas, 8 de Junio de 2019

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